sábado, 14 de enero de 2012

Shhhhhh...

Aprendí que a veces sobran las palabras sobre todo cuando ya no queda hueco ni para ellas.
El espacio se hizo demasiado pequeño para compartirlo, a veces la distancia mide solo unos centímetros, un par de baldosas.
Movimientos improvisados que parecen calculados a la perfección para marcar nuestro abismo.
Mirar hacia atrás para encotrar lo perdido y encontrarte donde se pierde una mirada.
Cuando las estrellas tendieron su mano, el suelo ya no estaba de puntillas, imposible salvar esos centimetros enquistados en un tiempo que jugó en sentido inverso.
Está bien escucharte mientras me despido por dentro, no hace falta decir nada.
Las despedidas cotidianas son más sencillas y están a medio camino, justo en el centro de nuestros centimetros, los que nosotros construimos.
Aprendí a no decir nada porque unos centimetros es demasiado lejos para escucharnos.
Las calidades humanas dependen de lo que haya al otro lado, ya lo sabía pero aún no lo aprendí.

1 comentario: