miércoles, 20 de abril de 2011

Mastropiero (y el tiempo)

Y de repente se paró el tiempo y nos pilló dentro del Mastropiero. El Mastropiero, un lugar que huele a casero que podría estar en cualquier callejón del mundo, de Latinoamerica tal vez. De momento el Mastropiero se esconde en una esquina de Malasaña, tras el renacer cool del barrio.

De repente todo se torna oscuro, sin sol, con nubes, y la lluvia cae deprisa en riachuelos hacia el Dos de Mayo, sacando brillo al gris de la calzada que ahora parece nueva, recién pintada.

Una pizza de champiñon no es sólo eso, es de mozzarella, tomate, orégano, aceite, ajo y champiñón. La de jamón, lo mismo. Cada detalle es importante.

Todos hablan con acento y nadie pide nada, desaparecen tras la barra hablando del tiempo. Un gallego dice "carrallo", está empapado, también desaparece. No es feo.

Un postre con dulce de leche nos espera en la barra. Debe ser más dulce hacer un pastel cuando sabes que quien lo deguste lo hará con la sonrisa del que recibe un regalo.

Ver llover despeja la mente y el sabor dulce activa los sentidos. Escuchar el tempo de las palabras del otro lado del oceano inquieta el alma. Sí, se paró el tiempo.

Entra una pareja y dos niños. Llueve menos y huele a tierra mojada (todo lo que puede oler a tierra mojada la asfaltada Madrid). La calle desierta, podría pasearla toda la noche si el tiempo no anduviera. Pero sólo queda media hora, bendito fútbol.

Hoy me gusta está canción, igual que a Javi sus camisetas.

1 comentario:

  1. ¡¡Qué bonito Viru!!

    Me ha encantado esta entrada. Lo has descrito de una manera preciosa. La lluvia no importa si la compañía (y la pizza) son buenas.

    A veces Madrid también puede ser un estado de ánimo...

    Besos!!!


    P.D. Me ha encantado lo de "carallo" :-)

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