Hay princesas y princesas. Están las princesas de los cuentos y las que se han escapado de ellos, que son mis preferidas.
Las princesas que se escaparon del cuento llevan vaqueros y también faldas muy cortas y escotes. Se quieren y se miman, y no hace falta que ningún espejito les diga que son las más guapas del mundo porque ya lo saben ellas.
Las princesas que se escaparon del cuento, viven en su castillo, ese que hicieron en el aire, lleno de pensamientos mágicos y sueños, y como dice Fito si te lo imaginas ya puedes entrar porque no hay pasarelas ni dragones.
A las princesas que se escaparon les gusta disfrazarse de brujas, cuando llega el viernes noche, y ser malas, recorriendo las calles subidas en su escoba. Salen a medianoche cargadas de pócimas, y no saben bailar un vals, pero sí mover el hombro al ritmo y levantar mucho los brazos, hasta tocar las estrellas.
Las princesas que huyeron del cuento no esperan a ningún príncipe porque si hace falta ya salen ellas a buscarlo, sin miedo a que después del beso se convierta en rana.
Las princesas que escaparon hablan alto y claro, y mientras hablan sonríen, y en la mesa de al lado algún curioso pone la oreja mientras mira de reojo, porque ellas tienen HDP y juguetes, y disfrutan del sexo... sí, sí... y siguen siendo princesas.
Las princesas que se escaparon no notarán si hay un garbanzo escondido bajo su colchón, porque cuando llegan a casa caen rendidas sobre la cama, rendidas de soñar, de vivir, de esas ganas de hacer todo al mismo tiempo.
No notarán un garbanzo, pero son tan sensibles que una mirada cómplice puede hacerlas estremecer y tiemblan mientras una caricia resbala por sus mejillas para aterrizar en sus labios.
Ellas no esperan un carruaje que las vaya a buscar a la puerta, sino que ruedan por si mismas, en coche, bici o patines.
Las princesas que se escaparon del cuento tienen poderes mágicos, porque su transparencia las hace casi invisibles, y por eso a veces es complicado verlas, reconocerlas. Ellas vuelan, cada noche, y si te tienden su mano, volarás junto a ellas.
Las princesas que se escaparon son mujeres sin miedo, y por eso muchos las temen, porque son libres, y tal vez no saben lo que quieren, pero si saben lo que NO quieren.
Sí, ellas sí que son princesas, aunque muchos se empeñen en negarlo, son princesas que viven, que sienten, que besan, que muerden, que corren, que ruedan, que buscan, que encuentran... Ellas son bravas, como esas mujeres de las que habla Hector Abad, y no por ello menos princesas...
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Punto y aparte.
Hace 9 años