sábado, 28 de agosto de 2010

Princesas

Hay princesas y princesas. Están las princesas de los cuentos y las que se han escapado de ellos, que son mis preferidas.

Las princesas que se escaparon del cuento llevan vaqueros y también faldas muy cortas y escotes. Se quieren y se miman, y no hace falta que ningún espejito les diga que son las más guapas del mundo porque ya lo saben ellas.

Las princesas que se escaparon del cuento, viven en su castillo, ese que hicieron en el aire, lleno de pensamientos mágicos y sueños, y como dice Fito si te lo imaginas ya puedes entrar porque no hay pasarelas ni dragones.

A las princesas que se escaparon les gusta disfrazarse de brujas, cuando llega el viernes noche, y ser malas, recorriendo las calles subidas en su escoba. Salen a medianoche cargadas de pócimas, y no saben bailar un vals, pero sí mover el hombro al ritmo y levantar mucho los brazos, hasta tocar las estrellas.

Las princesas que huyeron del cuento no esperan a ningún príncipe porque si hace falta ya salen ellas a buscarlo, sin miedo a que después del beso se convierta en rana.

Las princesas que escaparon hablan alto y claro, y mientras hablan sonríen, y en la mesa de al lado algún curioso pone la oreja mientras mira de reojo, porque ellas tienen HDP y juguetes, y disfrutan del sexo... sí, sí... y siguen siendo princesas.

Las princesas que se escaparon no notarán si hay un garbanzo escondido bajo su colchón, porque cuando llegan a casa caen rendidas sobre la cama, rendidas de soñar, de vivir, de esas ganas de hacer todo al mismo tiempo.
No notarán un garbanzo, pero son tan sensibles que una mirada cómplice puede hacerlas estremecer y tiemblan mientras una caricia resbala por sus mejillas para aterrizar en sus labios.

Ellas no esperan un carruaje que las vaya a buscar a la puerta, sino que ruedan por si mismas, en coche, bici o patines.

Las princesas que se escaparon del cuento tienen poderes mágicos, porque su transparencia las hace casi invisibles, y por eso a veces es complicado verlas, reconocerlas. Ellas vuelan, cada noche, y si te tienden su mano, volarás junto a ellas.

Las princesas que se escaparon son mujeres sin miedo, y por eso muchos las temen, porque son libres, y tal vez no saben lo que quieren, pero si saben lo que NO quieren.

Sí, ellas sí que son princesas, aunque muchos se empeñen en negarlo, son princesas que viven, que sienten, que besan, que muerden, que corren, que ruedan, que buscan, que encuentran... Ellas son bravas, como esas mujeres de las que habla Hector Abad, y no por ello menos princesas...

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jueves, 19 de agosto de 2010

No hay playa... ¿y qué?

En Madrid no hay playa, pero en Tirso de Molina hay una fuente donde puedes mojarte los píes y sentarte tranquilamente a leer un libro, observar el mercado de flores o reirte bajito cuando un niño se da cinco resbalones seguidos y acaba empapado.

En Madrid no hay colinas, pero sobre el edificio de la UNED, un ejemplo perfecto de rehabilitación urbana, está el Gaudeamus Café desde donde puedes contemplar los tejados del carismático barrio de Lavapiés.

Madrid se recicla, y sobre lo que fue un típico bar de viejos español crecen nuevas propuestas como el In Dreams Café, un bar ambientado en los 50 americanos, con neones, mesas temáticas, decoración de la Ruta 66, paredes de leopardo y buena música.

Madrid se redefine, cada tarde, cada noche, buscando entre el bullicio de la gente su esencia de ciudad acogedora y cercana, plagada de secundarios por descubrir y caras conocidas que recordar.

En Madrid siempre hay un lugar nuevo donde ir, como el nuevo local La Realidad, donde los solitarios pueden hacerse los interesantes leyendo uno de los libretos de poesía que están colgados de la barra, nunca vi nada más "cool-tureta". Además las paredes son de pizarra y los garabatos inundan el ambiente, y si abres un pequeño cajón de una mesa de cocina encontrarás notas escritas por algunos que pasaron por alli, siguiendo la estela de Jusi, que tuvo una idea genial y seguro se convierte en tradición.

martes, 17 de agosto de 2010

Señora de las Alturas

Algo tiene que andar mal en el mundo si alguién escribe una carta de amor a su señora de las Alturas, y en el otro lado no hay ni reacción ni repercusión.

Algo tiene que andar mal en el mundo si alguien
"está seguro de que de tanto cariño que siento por ti mis abrazos han adquirido la capacidad de curarte las lágrimas"
, y después de leerlo no hay luz al otro lado, tan sólo una lágrima.

Algo tiene que estar loco en el mundo si no se es capaz de amar a aquel que ama todos y cada uno de tus defectos, y años después, de broncas y malas caras, se fumaría hasta el filtro de cada uno de tus cigarros.

Algo tiene que andar mal en la cabeza de la Señora de las Alturas.

Cinco minutos, nada más

Sólo porque me gusta está canción voy a dar 5 minutos de mi blog para el amor. Además en directo, y de los sentidos, arropado con palmas.

Después, cuando la linea roja llegue al final, me voy pa'dentro otra vez, a mi casita con ruedas, y paro donde quiera.

Primera estación Jusi. Segunda, día guiri con Lau. Feliz con lo mio, con lo que evoluciona pero no cambia, porque "nos vemos", porque me veis, porque miramos juntas donde otros nada pueden ver.

jueves, 12 de agosto de 2010

El día de las libélulas al sur de Hungría

A "chain of coincidences" nos llevó este verano a terminar las vacaciones en Pusztaszer, un pueblo al sur de Hungria cerca de Szeged, de la que dicen que es la ciudad del sol. Y si Szeged es la ciudad del sol, Pusztaszer podría serlo de los colores, intensos, como el verde de las hojas de maiz, el rojo del paprika o el brillo de tantas miradas en las que da gusto perderse unos segundos. Pusztaszter es color, y huele a sopa de pescado cocinándose a fuego lento sobre un caldero a la antigua usanza.

Una cadena de coincidencias hizo que una furgoneta amarilla repleta de risas y canciones irrumpiera en el parque natural de Pusztaszter para romper su silencio, ese silencio que por fin entendí y supe amar subida en una canoa, meses después. El 11 de agosto el silencio del río miraba de reojo a siete españolas que subían y bajaban escaleras, se fotografiaban en "modo bello", reían y bromeaban sobre torsos, y buscaban historias entre un caos de lenguas que se hizo momento mientras Mae anotaba una receta de cocina en su cuaderno. De padre a hijo, de Gabor a Soma, de hungaro a español, de Soma a Mae, de Mae a su cuaderno y de ahi directo a mi corazón.

Para ir a Pusztaster no nos hizo falta ninguna guia, porque allí aprendimos más de las personas que de los libros, como le gusta a Mae. Padre, hijos, hermanos, hermanas, madres, amigos de antes, amigas de ahora, feministas, profesores, un alcalde, uno de los mejores fotógrafos de Hungria, generaciones... y en medio de todo eso esa bocanada de aire fresco que nos llevó hasta alli, hilando todo, envolviéndonos con esa mirada en la que podría perderme durante horas, en esa mirada que a veces no encuentro, con esa risa de niño que no lo es tanto, esa risa que estalla en mil pedazos y arranca la mia simplemente con el roce de uno de ellos mientras planea por el aire.

Tal vez una de las cosas que hace más especial un viaje sea lo que tiene de efímero, las horas que corren, la carretera que no tiene vuelta atrás... Efímero como las libélulas de Szeged (szitakötő, creo) que tienen su propio momunento junto al río. Estas libélulas sólo viven un día, un día para amar, para reproducirse, y después mueren, tal vez porque la Naturaleza sea sabia y después de tanto amor ya no haga falta nada más.
Lo efimero es intenso, y te inunda por un segundo, como ese grito que viene después de atrapar una estrella fugaz la noche San Lorenzo. Yo me quedé sin mi estrella, pero no importa, porque también hay estrellas que pisan el suelo, igual de fugaces, igual de efímeras, que también cumplen tus sueños, y al marcharse dejan su estela flotando de tus recuerdos, enamorada para siempre de ese cruce de coincidencias que la vida me regaló.

De banda sonora la canción que nos regaló Soma, "Seven Spanish Angels"

lunes, 2 de agosto de 2010

"Deli" `para empezar...

Que bien empezar las vacaciones! Y tener 23 días por delante sólo para ti, y para tratar de luchar contra tu naturaleza y no pensar, improvisar, y empaparte de todo.
Improvisando empezamos, y no salió mal del todo que el plan de Bilbao acabará en un festival de surferos rollo ETC... pero con más pasta.

Si no hizo mucho sol y los surferos andaban un poco pasados yo me quedo con mis polaroids: Adela saltando en la cama, la niña "destroza-mensajes de amor" en la arena, ser más quinceañeras que con quince, probar todos los potingues del Mercadona, comer empanada con las manos, toparte con un festival Celta, sentirte una "guiri"... y bailar Deli tal y como lo había soñado, con los ojos cerrados, y respirando hondo.

Aunque no fuera uno de los mejores directos (por no decir uno de los peores) les daré otra opotunidad en el Sonorama.