Es gratificante cuando muestras a alguien tu forma de ver el mundo y, al menos si no lo entienden, lo aceptan y tratan de creer en él. Es gratificante sobre todo si lo que piensa ese otro te importa y recíprocamente tú le importas tanto que por eso trata de comprenderte.
Es gratificante porque te hace sentir menos raro, menos solo, menos equivocado.
Es gratificante cuando los que siempre miraron por tu futuro, confían en tu apuesta por el presente, y se creen tus filosofías y tus teorías, esas que tú necesitas repetirte día a día para encotrarle un sentido a las cosas que pasan, y van y vienen.
Se creen mis no rutinas, mi amor por lo efímero, mi búsqueda incesante, mi "ahora" y mi "ya", se creen a la hormiga y a la madre que no cambiará, sino que crecerá.
Tal vez sea porque entre tanta teoría pronuncié la palabra feliz, y porque nuestra felicidad es su fe.
Punto y aparte.
Hace 9 años
