En la burbuja de música y sentimientos en la que vivo hay poco tiempo para la información, la política, la crisis y todas esas cosas que llenan los diarios y telediarios cada día, algo de lo que no me siento muy orgullosa, porque nunca supe tan poco de todo como ahora, nunca estuve tan al margen.
El estado de alarma y el caos aereo creado por la huelga de controladores me hizo volver al mundo real más allá de esa mirada que no va a ningún sitio o de esa canción que necesito escuchar una y otra vez.
En épocas de crisis, de desaliento, de problemas, cuando nada es ni blanco ni negro y todo tiene un matiz, sólo nos queda la moralidad, la educación y la solidaridad para que parezca que todo va un poco mejor.
Los controladores aereos son unos privilegiados dentro de esta sociedad que hace equilibrios para no caerse entre el consumismo feroz que se nos inculca y esos salarios de mileurista que tensan la cuerda para llegar a fin de mes.
Es cierto que el decreto ley que devuelve al Gobierno, a través de AENA, los mecanismos para organizar el trabajo de los controladores supone unas medidas impuestas unilateralmente y que atentan contra el Convenio de los Trabajodores. Y esto es exactamente lo mismo que me explicó un pasajero de la Renfe el día de la huelga general de Metro.
Y yo, que soy muy de izquierdas, pienso que es cierto que no se pueden pasar por alto los derechos firmados en Convenio e imponer normas sólo de un lado. Esta es la teoria socialista, pero para mi, ser de izquierdas va más alla de las leyes y las teorías, para mi ser de izquierdas significa simplemente solidaridad y eso va más allá de leyes y convenios, y entonces la única guia es el sentido común, el mirar más alla de las propias narices y buscar el bien colectivo más allá del propio.
Por eso cabrea tanto lo de los controladores, que sí, que sí que les quitan derechos, derechos firmados, pero según están las cosas parece increíble que puedan quejarse y que sean capaces de inmovilizar a un país entero, de abusar de su poder. Y me pregunto solo si ellos no tienen hijos, vecinos, amigos que estén viviendo en el desolador panorama actual, o si es que ellos viven en una burbuja tan densa de color verde dinero que son incapaces de ver nada a su alrededor.
El interés colectivo es tan importante para que todo marche... y aunque el egoismo empieza a ser un valor al alza en mi vida, siempre están los límites de sentido común. Y si nos dijeran que por cada 20 personas que rebajen 100 euros su salario habría un parado menos yo firmaría ahora mismo, pero me temo que no todo el mundo piensa lo mismo, ¿y por qué? Porque entonces vendría el argumento que caracteriza a la triste sociedad española, el mirar al de al lado: pues que se baje el sueldo el que gane mas, que la empresa recorte en Marketing, que, y que... y así uno por otro todo del revés.
Y mirándome solo a mi también lo pienso: si yo cobrara 100 menos pues que mi casera me rebaje el alquiler que tiene tres pisos, y que mi jefe no haga comidas de empresa, y... y... Pero alguien tendrá que dar un primer paso ¿no? Y a lo mejor, como tenemos esa manía de mirar al de al lado, pues si el de al lado lo hace bien tal vez se contagia, (ojalá...)
Por eso siento pena hoy, sí, siento pena por la gente que no voló, la que no viajó, no se encontró, la que perdió, lo que no pasó... pero aún siento más pena por la pérdida de valores, de referencia, por la gente que no gira el cuello para ver lo que hay a su alrededor, por la mierda de sociedad que hemos creado,`por no saber más, porque somos marinetas en manos del poder, de los privilegiados, y por esa sensación de estar atada de pies y manos.