Hoy me he levantado medio tarde, como casi siempre, y al ritmo de Radio 3, como casi siempre. Programa nuevo, como cada otoño. Aun no le he cogido el truco, pero se que me acabará gustando, como casi todo en Radio 3.
Hoy el despertar ha sido como casi siempre, pero esta mañana entre las prisas y el desorden de mi armario se ha colado su voz, esa voz de la que me siento orgullosa cada vez que llega a mi a través de las ondas, esa voz que otras tantas veces ya escuché. Sin embargo hoy ha sido diferente, hoy la sentí distinta, y me encantó, porque esa voz era ella, inconfundiblemente ella, pero la sentí mas firme, empapada de la experiencia y el trabajo de una profesional que es lo que es. O tal vez rociada por esa seguridad que te da el sentirte feliz.
Y entonces, en un momento rápido (rápido porque llegaba tarde :)) tuve un flashback hacia atras, de esos en los que te pasan tantos recuerdos por delante. Y recordé la primera vez que la escuché en la piscina de Irene hablando sobre nuestro "amado" Acorazado Potemkim, y por la ventana de mi habitación se coló la imagen de Leti Supermix, y de nuestros viajes en coche a casa, y del baile de las mortadelas, y de su risa que suena mucho, y de sus ojos cuando se emocionan y brillan tanto, y de su cara de felicidad el día de su boda, su desparpajo ante un salón repleto, y del arte que tiene moviendo una abanico mientras ofrece en forma de regalos todo su amor.
Una despedida. Un juego. Una hoja de papel donde él ha contestado a varias preguntas sobre si mismo. ¿Tu color favorito? ¿Tu sueño? ¿La frase que más dices? Ella tiene que adivinarlas y si no... pues una de ron en forma de chupito.
Fue el juego. Fue la despedida. Fue el momento.
A través de ese papel estaba él, ahí estaba él, colándose poco a poco entre nosotras en cada una de sus respuestas. Y ella... a ella se le iluminaba la cara cada vez que le descubría, a golpe de chupito, cada vez que escuchaba una de sus ocurrencias, y sonreía: a veces a carcajadas, y otras con esa sonrisa que viene inmensa desde dentro pero al llegar a los labios se hace tímida. Y de vez en cuando un susurro: "Como le quiero...". Y yo, yo mirando, espectadora de tanto amor, tanto amor encima de esa mesa, colándose entre los recobecos de esa ruleta de chupitos. Sin poder parar de mirarla, de sentirme feliz por ella, envidiando ese sentimiento, y entendiendo que cuando se siente algo asi hay que celebrarlo y compartirlo, y gritarlo a los cuatro vientos, porque tanto amor no cabe dentro.
Después él se fue de la mesa, silencioso, y los vasos quedaron vacios, y ella algo perjudicada, y ese momento en mi recuerdo, y ese sentimiento en mis sueños, aun ligero.
Como se suele decir en estos casos ojalá sean muy felices, que sé que lo son, y "que todas las noches sean noches de boda", y sino, que lo sean de despedida (de soltera).
Punto y aparte.
Hace 9 años
