martes, 20 de octubre de 2009

Que todas las noches lo sean de despedida (de soltera)

Hoy me he levantado medio tarde, como casi siempre, y al ritmo de Radio 3, como casi siempre. Programa nuevo, como cada otoño. Aun no le he cogido el truco, pero se que me acabará gustando, como casi todo en Radio 3.

Hoy el despertar ha sido como casi siempre, pero esta mañana entre las prisas y el desorden de mi armario se ha colado su voz, esa voz de la que me siento orgullosa cada vez que llega a mi a través de las ondas, esa voz que otras tantas veces ya escuché. Sin embargo hoy ha sido diferente, hoy la sentí distinta, y me encantó, porque esa voz era ella, inconfundiblemente ella, pero la sentí mas firme, empapada de la experiencia y el trabajo de una profesional que es lo que es. O tal vez rociada por esa seguridad que te da el sentirte feliz.

Y entonces, en un momento rápido (rápido porque llegaba tarde :)) tuve un flashback hacia atras, de esos en los que te pasan tantos recuerdos por delante. Y recordé la primera vez que la escuché en la piscina de Irene hablando sobre nuestro "amado" Acorazado Potemkim, y por la ventana de mi habitación se coló la imagen de Leti Supermix, y de nuestros viajes en coche a casa, y del baile de las mortadelas, y de su risa que suena mucho, y de sus ojos cuando se emocionan y brillan tanto, y de su cara de felicidad el día de su boda, su desparpajo ante un salón repleto, y del arte que tiene moviendo una abanico mientras ofrece en forma de regalos todo su amor.

Una despedida. Un juego. Una hoja de papel donde él ha contestado a varias preguntas sobre si mismo. ¿Tu color favorito? ¿Tu sueño? ¿La frase que más dices? Ella tiene que adivinarlas y si no... pues una de ron en forma de chupito.

Fue el juego. Fue la despedida. Fue el momento.
A través de ese papel estaba él, ahí estaba él, colándose poco a poco entre nosotras en cada una de sus respuestas. Y ella... a ella se le iluminaba la cara cada vez que le descubría, a golpe de chupito, cada vez que escuchaba una de sus ocurrencias, y sonreía: a veces a carcajadas, y otras con esa sonrisa que viene inmensa desde dentro pero al llegar a los labios se hace tímida. Y de vez en cuando un susurro: "Como le quiero...". Y yo, yo mirando, espectadora de tanto amor, tanto amor encima de esa mesa, colándose entre los recobecos de esa ruleta de chupitos. Sin poder parar de mirarla, de sentirme feliz por ella, envidiando ese sentimiento, y entendiendo que cuando se siente algo asi hay que celebrarlo y compartirlo, y gritarlo a los cuatro vientos, porque tanto amor no cabe dentro.

Después él se fue de la mesa, silencioso, y los vasos quedaron vacios, y ella algo perjudicada, y ese momento en mi recuerdo, y ese sentimiento en mis sueños, aun ligero.

Como se suele decir en estos casos ojalá sean muy felices, que sé que lo son, y "que todas las noches sean noches de boda", y sino, que lo sean de despedida (de soltera).

martes, 13 de octubre de 2009

Cuando mi normalidad se hace mayor

Me gusta cuando la normalidad significa que Chus toque el timbre de casa y me diga que me baje a tomar unas cañas con Barbara, Almu y Elenita, o cuando significa darle consejos a mi hermana por teléfono, a nosecuantosmil kilómetros de distancia, via Skype.

Que extraño es sentir ese volver a la normalidad cuando todo es tan diferente, cuando esto nunca ha pasado antes.

Me gusta cuando la normalidad no se estanca, y seguimos avanzando, de la mano de lo que realmente importa, más o menos. Me gusta cuando mi normalidad se hace mayor.

VALIENTE

A veces recuerdo alguna frase que me decían mis profesores (aunque no muchas), como aquello de que las personas somos en parte aquello que los demás piensan y esperan de nosotros. A primera vista puede parecer una frase que atenta contra la personalidad propia, pero dándole un par de vueltas creo que lleva mucha razón.

Hoy me quedo con una frase de un profesor de Bellas Artes de Bárbara: "Si no te mueves, no pasa nada". ¿Pero que pasa si te mueves y te quedas peor que estabas? ¿Si duele más?

Es entonces ahi donde entra Vetusta Morla, porque "ser valiente no es sólo cuestíón de suerte".

Lo mejor de un concierto... para mi cuando la música para y sólo canta el público...

viernes, 9 de octubre de 2009

MATEMÁTICAS DE OTOÑO

El otoño significa empezar, época de cambios y nuevos propósitos. Dicen los psicólogos que en primavera y otoño se agudizan y aumentan los estados depresivos, porque son épocas de cambio, y aunque el cambio es avanzar y avanzar significa estar vivo, los cambios a veces también ponen los pelos de punta.
Porque el inicio de algo va ineluidiblemente unido a un final, dejar algo atrás y es aquí donde empiezan las matemáticas. Cuando algo cambia, sumas y restas, para llegar al igual esperando que el resultado, por lo menos, no lleve delante el signo menos.

Sumando y restando nos encontramoS: MAS 2, MENOS 3, MAS 1, MENOS 1, MAS 2, MAS 1... Con lo bien que se me daban las matemáticas en el colegio... pero parece que con los años se hacen más complicadas.

Para no liarme empezaré con los decimales que van sumando, poco a poco, pero sumando... como cuando cada día el chino de abajo me regala unos chicles, o al llegar a casa me fumo un cigarro en nuestro sofá sin fundas y nos reímos con alguna de nuestras historias patéticas, o que uno de mis bares preferidos ahora sea "el bar de al lado" y el camarero me deje subirme los platos a casa y "ya se los bajaré mañana". Decimales absurdos, pero que suman, y eso es lo que cuenta.

Y si las cuentas no me salen, me daré a las letras, que siempre ha sido más lo mio, porque como dice Juan José Millas en la contraportada de su libro "El Mundo": "La escritura cicatriza las heridas en el instante de abrirlas".

Ese será el próximo libro que lea. Mae tiene razón... que interesante es la gente que lee...